viernes, 11 de mayo de 2007

Sangre fría

Tres meses demoró Juan en planear la venganza. Más bien en encontrar una nueva pareja. Joaquín era vedetto. Su musculatura lo convirtió en un candidato perfecto. 15 lucas en flores. 10 en chocolates. Eso bastó. Se había ganado un cómplice. Sólo una mirada. Ya sabía que hacer. Joaquín lo rodeó con sus brazos e impidió su movimiento. Juan lo apuñaló. Una par de minutos y Oscar ya está muerto. 17 puñaladas no bastaron. Al menos para Juan. A patadas le desfiguró el rostro. Llevaba media hora muerto. Joaquín ya es inútil. Una puñalada y es historia. Es momento de irse. Trata de salir. La puerta está trancada. Escucha un ruido a sus espaldas. Es la pareja de Oscar. Tiene un hacha en la mano. Del bolsillo de Juan cae un papel arrugado. En el se lee “te quiero”.

miércoles, 2 de mayo de 2007

Una misma pasión

Miles de cábalas que no dan resultado. Frustración. Envidia. Sufrimiento. Pena. Impotencia. Miles de sentimientos que nacen después de 90 minutos de un partido perdido. La emoción previa no bastó. Las ganas menos. Somos los mejores fuera de la cancha. Los peores adentro. No tenemos un respeto ganado en el exterior ¡Los triunfos morales no existen! Sólo alimentan nuestra mediocridad. Aún así amamos a La Roja. Llenamos los estadios. Vivimos con pasión la guerra que se crea dentro del rectángulo de pasto. Designamos como héroes a nuestros jugadores. Pensando que pueden cambiar nuestro destino y cumplir nuestro mayor anhelo: Ser de una vez por todas a un país lleno de gloria y triunfos. Héroes del día a día. Los que serán capaces de alimentar a un pueblo dominado por la mierda que carcome nuestros cerebros. Una especia de anestesia que nos hará olvidar al Transantiago, a las casas Chubi, a la actual Loce y tantas cosas más. Al stress y la presión que no nos deja demostrar lo que somos. Todo después de un simple abrazo sumado a la euforia que provoca un gol. Ver a La Roja es más que un partido. Es la realización de un sueño que se convierte muchas veces en pesadilla. Pero que a pesar de todo, une a un pueblo entero en una misma pasión. El amor por la camiseta nacional. La camiseta que para bien o para mal, es de todos. Bendito el orgullo de ser chileno ¡Grande Chile mierda!