Troppo tardi. Mi avvicino a te. Non trovo la tua risposta. No è stata colpa mia. Nemmeno tua...Tanti ricordi. Tanti baci che mi mancheranno. Tante carezze. Tanto amore. E difficile da accettare ma forze è troppo tardi. Ricordi che ti ho detto che tu saresti la mia moglie? Sei andata in cielo tre hore fa, ma io non mi chiudo a quell’idea. Sempre mi dicevi: “il nostro amore non conosce limiti”, io intanto sempre ti credevo e continuo a farlo. Credi che Dio voglia essere il nostro sacerdote?
Versión en español:
Nunca es demasiado tarde
Demasiado tarde. Me acerco a ti. No encuentro respuesta. No fue culpa mía. Mucho menos tuya...tantos recuerdos. Tantos besos q me van a faltar. Tanto cariño. Tanto amor. Es difícil de aceptar pero quizás ya es demasiado tarde para lamentarse. ¿Recuerdas que te dije q me casaría contigo? Te fuiste al cielo hace tres horas pero yo no me he cerrado a esa idea. Siempre me decías: "nuestro amor no tiene límites", yo en ese entonces te creía y aún lo sigo haciendo. ¿Crees que Dios quiera ser nuestro sacerdote?
miércoles, 14 de febrero de 2007
domingo, 4 de febrero de 2007
Solo
Solo. Aburrido. ¿Tranquilo? Quizás demasiado. Hace tiempo que nada me hace sonreír. Más bien reír. A carcajadas. No es que sea infeliz, simplemente nada me emociona de sobremanera. Miro las fotos en mi pieza y en muy pocas veo una sonrisa. Insisto, no creo ser infeliz. Pongo las cosas en la balanza y tengo todo para ser feliz. ¿Lo soy? No sé si a ese extremo. Pero no estoy mal. Quizás me preocupo demasiado. Por mí. Por el resto. Por todo. Si sólo supiera la fórmula para dejar de preocuparme tanto. De seguro sería más feliz -sin ser infeliz-. Constantemente me alejo de la realidad y hace tiempo que no me siento amado. No puedo estar sin amar. Tengo que amar. Sé que me quiere mucha gente. Confío en mucha gente. Quizás en demasiada. El problema está en que no filtro. Hablo hasta sobre lo que como –puede que hasta sobre cómo mastico-. Muchas veces me pregunto si soy normal. Creo serlo. No me gusta serlo. Hago lo mismo que el resto, pero no pienso como ellos. No tengo los mismos gustos que el resto. Aún así, soy sólo uno más. Entre seis mil millones. Uno más. Como todo el resto.
Remordimiento
Te amo y me arrepiento. Te adoro. Te pongo por encima de todas las cosas. Me arrepiento. Nos conocimos hace seis meses y tres días. Al momento de escribir esta carta iban dos horas más. Estabas pololeando. Hace dos años. No te importó. A mi tampoco. El buen sexo nos quitaba el remordimiento. Aún te sueño desnuda. Me arrepiento. Me alejaste de mis amigos. Sólo tenía tiempo para ti. Me lo diste y me lo quitaste todo.
Al leer esto debes estar pensando en tu pololo. ¿Te parece extraño que no llegase a su cita? Él siempre fue puntual. No te preocupes. Está conmigo. En unos pocos segundos el veneno hará efecto y morirá. Pase lo que pase después de eso. No me arrepiento.
Al leer esto debes estar pensando en tu pololo. ¿Te parece extraño que no llegase a su cita? Él siempre fue puntual. No te preocupes. Está conmigo. En unos pocos segundos el veneno hará efecto y morirá. Pase lo que pase después de eso. No me arrepiento.
Herencia

Una comida al día. Dos sería un lujo. Más tiempo en los semáforos que en la casa. La limosna era el ingreso familiar. No conoció a su madre. Hubiera sido mejor no conocer a su padre. Este era alcohólico, jugador, asesino, violador y su único ejemplo. De estudios ni hablar. Tercero básico fue su mayor logro. Record familiar. Juan conoció a una mujer: Andrea. Ahorraron peso a peso. Arrendaron una pieza. Tuvieron una hija. Vivieron con su padre. Poco dinero, mal gastado. Juan comenzó a trabajar. Reponedor de supermercado fue la opción.
Su padre llevaba mucho tiempo solo. Andrea, pasaba mucho tiempo con él. Demasiado tal vez. Mezcla fatal. Antepasado de violador. “Quiso recordar viejos tiempos” diría el vecino. Juan los pilló en el acto. Ella: amarrada a la cama y llorando desconsolada. El padre: babeando, con los ojos desorbitados y con un cuchillo en la mano. Los miró y los peores instintos animales nublaron su mente. Le quitó el cuchillo a su padre. Lo degolló. Miró a su pareja. No soportó verla sufrir y la mató también. Se llevó a su hija.
Recorrió calles. Sin sentido. Horas y horas. Sudor en la frente. La estación de Metro Estación Central fue el último escenario de su miserable vida. El Metro destruyó todo el dolor que le quedaba. Con ello además se llevó la inocencia de una niña. A sus seis años lo vio todo y se quedó sola. Si logra ser feliz, como máximo le sacará un empate a la vida.
Su padre llevaba mucho tiempo solo. Andrea, pasaba mucho tiempo con él. Demasiado tal vez. Mezcla fatal. Antepasado de violador. “Quiso recordar viejos tiempos” diría el vecino. Juan los pilló en el acto. Ella: amarrada a la cama y llorando desconsolada. El padre: babeando, con los ojos desorbitados y con un cuchillo en la mano. Los miró y los peores instintos animales nublaron su mente. Le quitó el cuchillo a su padre. Lo degolló. Miró a su pareja. No soportó verla sufrir y la mató también. Se llevó a su hija.
Recorrió calles. Sin sentido. Horas y horas. Sudor en la frente. La estación de Metro Estación Central fue el último escenario de su miserable vida. El Metro destruyó todo el dolor que le quedaba. Con ello además se llevó la inocencia de una niña. A sus seis años lo vio todo y se quedó sola. Si logra ser feliz, como máximo le sacará un empate a la vida.
¿Envidia?
Tres personas. Dos hombres. Una mujer. Seis ojos sobre mí. ¿Esperan que escriba algo genial? No soy un buen escritor. No lo tengo que demostrar. Sólo me gusta escribir. Lo que sea. Cuando sea. Donde sea. Me libera. Me llena. Me enorgullece. Se miran. Incrédulos. Aún dudan. No de mí. De ellos. Inseguros de sus pensamientos. Inseguros de que están haciendo. De que deben hacer. ¿Se van? No se pueden ir. Tienen que ganar. Como sea. Ellos se rascan sus pocos pelos en la pera. No hace calor. Transpiran. Ella, se arregla la falda. Se toca el pelo. Suspira. No entienden lo que pasa. Eran de observadores. Ahora son observados. No por mí. Por su propia conciencia.
Camino sin salida
Salí a caminar. Porque si. No sabía a donde. Estaba chato. Generalmente hago estas cosas. No fue casualidad. Estaba pensando en ella. Hace tiempo que no lo hacía. La vi. No debería haber estado ahí. Ni ella ni yo. No lo busqué. Simplemente apareció. Me saludó. Tocó la bocina de su auto. Su auto. Yo iba a pie. No sé porqué me hizo sentir menos que ella. Como muchas veces lo sentí. Creí sentir que se detenía el tiempo. El segundo que pasó por mi lado se me hizo eterno. ¿Qué cara poner? ¿Qué hacer? Las imágenes se repetían. Las lindas y las no tanto. Los proyectos de pareja. Ya que importa. Se había ido. Igual que la otra vez. En un segundo.
Sigo mi camino. Miro hacia atrás. A cada rato. Tengo la ilusión de que va a volver a pasar. Yo lo haría. Ella no es igual a mí. Ese es el problema. Ese fue el problema. No lo había pensado. Caminar me hace pensar. Reflexionar mejor dicho. Quizás es mi método de escape. Quizás. Sólo quizás. Tengo que volver. Escribir. Pienso en volverla a ver. Pienso en que sintió ella. Probablemente nada…Sonó el despertador. Me tengo que levantar.
Aún aquí
Te siento. Aún te siento. No estás conmigo. Te fuiste. No hablamos más. ¿Me dolió? Demasiado. ¿Te entendí? Aún no. Voz penetrante. Sin remordimiento. “No da para más”. Lloré mirando tus ojos decididos. Diste media vuelta. Me dejaste. No volviste a mirar hacia atrás. Yo no puedo dejar de hacerlo. Me dedicaste frases lindas. Cientos de ellas. Frases cliché. No importaba. “Te quiero”. “Te adoro”. Aún siguen en mi cabeza. No me dejan escapar. Sentimiento de mierda. Te odio cuando no estás. Te miro. Te vuelvo a amar. El recuerdo no se va. Tu olor tampoco. Tu sabor menos. Te siento. Sé que no estarás más conmigo. Te siento.
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